24 ene. 2010

La noche en la que todo fueron pies, terminé llorando y con ganas de escribir

Odié ir en el asiento de atrás, no ser la protagonista, ir apretada con los que considero los extras de esta historia pensando que más tarde iba a seguir siendo una más, sin que te dieras cuenta ni tengas ganas de defenderme.
Mis pies trataron de moverse al ritmo de lo que mi cara era incapaz de transmitir y los tuyos ajenos a lo que mi corazón estaba sintiendo.
Deseaba bailar en círculos y que el resto desaparezca.
Cuando pasamos por el lugar en el que hace un año no eras el protagonista, no entendí porqué ya no tenía ganas de llorar ni porqué dijiste mi nombre recordándome que en el capítulo de hoy soy una actriz invitada.
Quiero ser la protagonisra de tu historia, la atracción principal de este circo, la de las letras grandes, la que le pone música a tus sonrisas, la que va en el asiento de adelante y conoce cada uno de tus gestos, la que no tiene ganas de escribir porque te tiene consigo.

16 ene. 2010

Ayer le mentí

Ayer le mentí y hoy volví a él buscando una cuota de realidad entre tantas inconsistencias.
Fue lo último real que tuve, manos imperfectas que me tocaron y toqué.
No lo extraño, pero mis suspiros y mis mariposas reclaman realidad.
Aprieto mis manos que piden un cuerpo que deje mi almohada llena de perfume y no mi cabeza llena de preguntas, que deje mi cuerpo lleno de huellas y no mis ojos llenos de lágrimas.
Un cuerpo al que quiera abrazar, aún cuando quiera estar sola.

14 ene. 2010

Inconexo

Me pedís que me resigne. Me rehuso.
Me decís que no hay gente mejor y gente peor. Te contradigo. Nos pongo de ejemplo.
Me decís que espero demasiado. Te doy la razón, pero no te doy con el gusto de prometerte que voy a cambiar.
Me decís que soy dependiente. Te digo que sí y te pido que te quedes al lado mío. Me abrazás.
Te vas y después no entendés mi cara que no es capaz de decir nada coherente.
Y vos, a pesar de conocerme como pocos, no sabés una verdad que yo todavía no acepto, o acepto a medias, o no existe.

10 ene. 2010

Lo que (no) tengo

Tengo ganas de escribir hasta perderlo todo, hasta que mi corazón se quede mudo. Poder agotar de una vez las palabras inspiradas en lo que no tengo. Sentirme vacía pero completa.
A pesar de no extrañar, sigo esperando, como si buscase necesitar, como si me impusiese imposibles, sin permitirme estar en paz, hacer las paces conmigo. Miro mil pares de ojos buscando los míos, sin darme cuenta de que los tengo al alcance del espejo, que me tengo cerca, que me tengo mía y me alcanzo.

3 ene. 2010

Ni sí, ni no, ni nada

Alguna vez dije que no sabía si viajábamos igual. Hoy quiero pedirle a un cuerpo que no estrené, que viaje conmigo, que viajemos juntos en la misma dirreción. Despacito, muy despacito aunque sepa que no tenemos tiempo. Pero sé que esas manos son mezquinas, que ni siquiera van a darme caramelos para quitarmelos después.
Ya nada alcanza, pero tampoco duele. Genera desidia, que es más triste todavía. Un hartazgo con precedentes, que nunca termina bien.

1 ene. 2010

Año nuevo, trauma nuevo

Me acosté recordando humillaciones que soporté y tuve ganas de llorar. Se hizo rápido de día y a pesar de que el sol me anunciaba que iba a ser un lindo día, yo sólo quería dormir. Era tarde, o temprano, no tenía demasiado sentido. Sentí que cuando despierte de nuevo, la imagen de su brazo abrazando otra cintura no iba a dejar de molestarme. La próxima vez que lo viese tendría que disimular y seguramente explicar porqué bajé rápido del auto, improvisando un saludo atípico. No podría decirle que esa noche, más que nunca, quise que sus brazos y sus caderas sean míos, no que sean míos, que esten conmigo. Sentí que huyó temprano, que esa noche sus planes eran otros y yo no estaba incluída. Alguien muy cercano a él, me preguntó si lo esperaba. No pude más que hacer un gesto extraño y esmerarme mucho, tal vez demasiado, en explicar lo contrario. Pareció haberlo creído, no interesa.
Quiero tener un par de piernas largas caminando a mi lado, olvidarme de sus sienes que aprieto cuando me enojo, de su codo que muerdo cuando estoy aburrida, de su espalda en la que me apoyo cuando tengo sueño y de sus manos haciendo dibujitos en la mía hasta casi ahogarme.