19 sept. 2011

Ad infinitum

Las agujas del reloj desperezándose en mi contra. Es una historia tan corta que aún no puedo contarla ni tan triste como para poder escribirla.
Las coincidencias me hablan de reyes que no existen. El presente me habla de ojos que no miran.
Esperanzas y suspiros esperan juntos. Las lágrimas desesperan porque tampoco es su turno.
Caprichos que postergo, cabelleras que no peino.
Siempre pienso que es diferente, pero al leerlo de corrido, son capítulos del mismo libro.
Personajes que mudan de cuerpo y el mío que se desdobla en el intento por ser protagonista y espectadora.
Mis dedos reconocen las palabras que no digo.
Los culpables nunca pagan las condenas si es que éstas llegan.
Disfrazo de reestrenos el hecho de meterme las dudas y los miedos en el bolsillo antes de salir a perderte.
Como parece que nunca es suficiente, hago el duelo antes de que todo termine, equivocadamente convencida de que ahorro nudos en la garganta.
A veces me siento tan enferma que te justifico por alejarte. Justo en el momento en el que enumero de memoria todas las cosas que de mí deberías amar.
Me asusto cuando me doy cuenta de que es confuso el límite entre los miedos reales y las fobias que me invento. El temor y todas sus variantes posibles no me permiten disfrutar de tus manos porque ya estoy pensando en perderlas.

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