12 may. 2012

Vino, pero no se va.


Me dirimo entre ser brutalmente honesta o seguir manteniendo la cordura. Los días se terminan sin que un suceso me quite el sueño. Las caras que miro me dejan sin respiración un segundo, pero al rato el aire comienza a instalarse en mi cuerpo junto con las ganas de tener labios ajenos que llenen de espesor mi garganta.
El cúmulo de conexiones se vuelve obsoleto en el momento en el que siento que sólo con un par de palabras puedo tocarte.
Miles de vidrios me ciegan, hasta el punto en el que las escaleras ya no sirven ni para subir ni para bajar.
Sigo hablando de personas que no me importan, sigo mirando barbas que no son las correctas y sigo con esta marcada tendencia de irme al carajo cada vez que pretendo quererte como se supone que debería.

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